NOTIC IAS DEL ORFEÓN DONOSTIARRA / DONOSTIAKO ORFEOIAREN BERRIAK JUNIO 2013 EKAINA / nº 62.zk 
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Fulgurante noche


Director, orquesta, coros y solistas reciben los aplausos
Abeslarietako batzuk ezin izan zioten negarrari eutsi eszenatokian. Batzuetan hala izaten da, egoera pertsonalek partitura zailekin bat egiten dutenean eta batutak emozioak aterarazten dituenean. Horrela gertatu zen Entzunareto Nazionalean ekainaren 29an, abesbatzak Fauré-ren Requiema interpretatu zuenean Simon Rattle maisuaren zuzendaritzapean, Berlingo Filarmonikako musikariekin batera. Kontzertua Ibermusikako Munduaren Orkestren eta Solisten zikloaren parte izan zen.

Algunos cantores no pudieron contener las lágrimas en pleno escenario. Ocurre a veces, cuando confluyen circunstancias personales con partituras turbadoras y una batuta que sabe pulsar el botón adecuado para que broten las emociones. Es lo que sucedió en el Auditorio Nacional la noche del pasado 29 de junio con el maestro Simon Rattle al frente, el Requiem de Fauré y los músicos de la Filarmónica de Berlín. El concierto formaba parte del ciclo de Orquestas y Solistas del Mundo de Ibermúsica.

Días antes del concierto, un ensayo en San Sebastián con el maestro Simon Halsey, colaborador de Rattle, afianzó a los coralistas en la versión que quería lograr el titular de la Filarmónica de Berlín.

Según destacó el crítico Vela del Campo (El País), Rattle consiguió "una interpretación intimista, sin subrayados, casi confidencial". Para él, lo más "deslumbrante" fue la actuación del Orfeón. "Qué maravilla... Exactos en la afinación, sobrecogedores en los pianísimos, derrochando a cada momento un sentido musical que ya teníamos casi olvidado en la faceta coral".

Para Arturo Reverter (La Razón) "pocos coros en el mundo pueden alcanzar un registro similar y ser capaces luego, como aquí, de estallar en pero raciones de intenso dramatismo, como la que se opera en la evocación del juicio final del "Tremens".

Por su parte, Alberto González Lapuente (ABC) resumió sus impresiones con la palabra "seguridad", "que en definitiva ha tenido su réplica en el vértigo de las voces afiladas y afinadísimas del Orfeón Donostiarra..."

El cuadro de solistas, formado por la soprano Camilla Tilling y el barítono Andrè Schuen, también contribuyó a que la versión interpretada dejara un sabor gozoso. Rattle tuvo el detalle de aproximarse hasta el coro al finalizar la obra y dedicar a sus integrantes un "¡Wonderful people!". Este gesto cariñoso provocó una prolongación de los aplausos del público que llenó el Auditorio.

Este canto esperanzador al final de la vida del compositor francés, que contemplaba la muerte como algo natural y reconfortante, es uno de los buques insignia del Orfeón. Por algo está en su repertorio desde 1925, lo tiene grabado con la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse y con Michel Plasson desde 1985 y todas las generaciones de orfeonistas lo han cantado alguna vez.

La velada no terminó ahí. En la segunda parte, la orquesta en solitario abordó la Sinfonía nº 2 en do mayor de Schumann.
ALE HONETAN / EN ESTE NÚMERO


Contrapunto: La música popular vasca

Es sabido que las condiciones exteriores del suelo, clima, incluyen o determinan el carácter de las razas. Este cielo nublado, esa lluvia pertinaz, esas nieblas que constantemente velan los perfiles de nuestras montañas, esa ausencia de luz comunica a nuestro paisaje un matiz de melancolía que necesariamente se ha de traducir en nuestra fisonomía moral. Y es tan connatural esta melancolía que más bien produce en nosotros un sentimiento de tristeza que de alegría. Únanse de modo admirable la música y el paisaje vasco, relación intima ésta que saben percibir las almas delicadas, capaces de emociones finas.

La música popular es "algo que brota espontáneamente, como quien dice de una raza, de una región, como los robles seculares que nadie plantó, algo que es el aroma de la naturaleza, de montañas, riberas, costas o mares, representados por el sublime arte de los sonidos concretados musicalmente". La música popular tiene la misma edad de las razas que la producen. No cambia de formas, a veces radicales, como ocurre con la música sabia. La canción popular, se ve libre de esas marejadas y cambios por los rasgos fisionómicos bien determinados, porque traduce los sentimientos de un solo pueblo y el espíritu de un pueblo no varía. Es de carácter tranquilo o exaltado o indolente y soñador o vigoroso y, como tal, concibe y expresa. Muy bien ha llamado alguien "la gran reintegradora de la conciencia de las razas". El Padre Donostia que recopiló durante toda su vida las canciones populares de Euskal Herria etc., decía: "escuchad, dice, con atención los cantos populares pues son una mina inagotable donde se encuentran las melodías más bellas las cuales os darán idea del carácter de las diferentes nacionalidades".

No puedo dejar de mencionar que, desde hace tres años, cuando se firmó el Convenio con el Orfeón Donostiarra, ambas Instituciones hemos llevado a cabo diversas actividades abiertas a toda la ciudadanía, en especial, a los niños, en un intento por mantener vivo el amor por la música porque la música hace mejores a las personas.

Vicente Zaragüeta Laftte,
Presidente del Aquarium de
Donostia-San Sebastian