BOLETIN TRIMESTRAL DE DIVULGACION DE NUESTRA ACTIVIDAD
SEPTIEMBRE 2008 IRAILA / nº 43.zk
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VERANO DE FESTIVALES


Foto cedida por: Jon Bernárdez (Lehendakaritza)
Foto: Fernando Baños.
Orfeoiak uztailean ekin zion bere ibilbideari, Frantziako Les Chorégies d’Orange nazioarteko jaialdian parte hartuz. Eta udako elkarraldi horri beste musika-lehiaketa batzuk gehitu zitzaizkion; esate baterako, Donostiako Jazzaldia, Gironako Cap Roig-ekoa, Donostiako Musika Hamabostaldia eta Santanderko lehiaketa.

El primer compromiso con los festivales veraniegos se desarrolló en el impresionante teatro romano de la ciudad francesa de Orange, cuyo certamen musical es el más antiguo del país vecino. En él, el coro interpretó el Réquiem de Verdi, dirigido por Tugan Sokhiev, que se puso al frente del Orfeón, de la Orquesta Nacional del Capitolio de Toulouse y de los solistas Micaela Carosi (soprano), Luciana d’Intino (mezo-soprano), Grigolo (tenor) y Orlin Anastassov (bajo). Era la primera vez que los donostiarras participaban en este certamen, nacido en 1869, por el que han pasado las figuras internacionales líricas más importantes de la historia.

La siguiente convocatoria fue la del Festival de Jazz de Donostia, que se tradujo en una peculiar fusión entre el vocalista Bobby McFerrin y el coro, de la que se habla más detalladamente en este número del Andante.

El 24 de agosto el Orfeón clausuró el Festival Cap Roig de Girona. Bajo las órdenes de Lorin Maazel –que dirigió de memoria, sin partitura– interpretó la Novena de Beethoven junto a la Orquesta Toscanini.

En la Quincena Musical de Donostia interpretó el concierto homenaje a Ataúlfo Argenta, para el cual se eligió Un Réquiem alemán de Brahms, ya que con esta obra Argenta logró un memorable éxito, junto al Orfeón Donostiarra, en el Teatro Champs Elysées de París en 1957. En el concierto-homenaje celebrado el 28 de agosto, intervinieron la ONE, la soprano Ofelia Sala y el barítono Albert Donmnen bajo la batuta de Josep Pons, director titular de esta orquesta. Momentos antes del concierto, se le rindió un homenaje al músico santanderino que estuvo representado por sus tres hijas y su hijo, quienes recibieron un diploma por parte del Orfeón, de manos de José María Echarri, y una lámina por el alcalde de la ciudad, Odón Elorza.

La 57 edición del Festival de Santander, que también reservó un recuerdo especial en el cincuentenario de la muerte de Ataúlfo Argenta –alma y motor del festival desde sus inicios– fue clausurada el 1 de septiembre con Zubin Mehta, la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, el Orfeón y la Novena de Beethoven. Fue un cierre apoteósico, con cerca de quince minutos de aplausos, donde –según recogió la crítica– todos los integrantes dieron "una lección de cómo transmitir energía y pasión en una de las obras más populares de toda la historia de la música".

Ale honetan / En este número


Argenta revivido

La noche del 1 de septiembre de 2008 será para mí y para todos los que fueron testigos de ello, una noche inolvidable. Fue en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Santander donde se clausuraba el 57 Festival Internacional de Santander con la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por Zubin Mehta. El público que abarrotaba la sala traía prendida en sus corazones la figura de Ataúlfo Argenta y la emociones aceleraban progresivamente sus latidos. Todo estaba dispuesto para vivir y recordar aquella noche mágica del 10 de agosto de 1953 en la que Argenta nos cautivó a todos en la plaza Porticada; la Orquesta Sinfónica del Maggio Musicale Fiorentino ya situada ante los atriles en el estrado, cuando de pronto, en un estallido de espontaneidad tanto tiempo contenida, se produce la catarsis esperada del aplauso unánime de un público emocionado: era la aparición en escena del Orfeón Donostiarra, el mismo que nos hizo vibrar aquella noche mágica del 53. El recuerdo había detenido el tiempo afectuoso porque el Orfeón Donostiarra era el vínculo que unía aquella noche con ésta del 1 de septiembre de 2008. Hacía 50 años que Ataúlfo Argenta nos había dejado y hacía 50 años que el público de Santander quería reconocer al Orfeón Donostiarra como el protagonista de aquellas emociones que continúan y continuarán vivas en nuestro recuerdo.

La Novena beethoveniana corrió por nuestras venas como un fluido de emociones incontenibles y cuando, a su término, el director hindú señala el protagonismo del Orfeón, el público enardecido trasmitía con su aplauso el deseo: "Vuelve, querido Orfeón Donostiarra, vuelve siempre a nuestra tierra cántabra".


José Luis Ocejo,
Director del Festival Internacional de Santander