BOLETIN TRIMESTRAL DE DIVULGACION DE NUESTRA ACTIVIDAD
JUNIO 2008 EKAINA / nº 42.zk
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EN LA EXPO DE ZARAGOZA


Foto cedida por: Jon Bernárdez (Lehendakaritza)
Foto cedida por: Jon Bernárdez (Lehendakaritza).
Zaragozako Expon ekainaren 29an ospatu zen Euskal Autonomia Erkidegoari eskainitako eguneko ekitaldi nagusietako bat Donostiako Orfeoiak, Bilboko Orkestra Sinfonikoak eta Ainhoa Arteta (sopranoa), Maite Arruabarrena (mezzosopranoa), José Luis Sola (tenorra) eta José Antonio López (baxua) bakarlarien emandako kontzertua izan zen. Horiek guztiak Miguel Ángel Gómez Martínezen zuzendaritzapean aritu ziren.

Uno de los actos centrales del día reservado a la Comunidad Autónoma Vasca en la Expo de Zaragoza, que se celebró el 29 de junio, fue el concierto que protagonizaron el Orfeón Donos-tiarra, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, los solistas Ainhoa Arteta (soprano), Maite Arruabarrena (mezzosoprano), José Luis Sola (tenor) y José Antonio López (bajo). Todos ellos fueron dirigidos por Miguel Ángel Gómez Martínez.

El concierto, al que asistieron el lehendakari Juan José Ibarretxe, numerosas autoridades del Gobierno Vasco y responsables de la Expo, se celebró en la sala Mozart del Auditorio de la capital maña. Se le denominó "Oda a la alegría. La música como puente entre las dos orillas que separan a los seres humanos", en alusión a la capacidad de unión que tiene el lenguaje universal de la música.

La velada musical la abrió el dantzari Jon Maya Sein, que interpretó el contrapás Sorgiñeta, del compositor vasco José Olaizola, acompañado por parte de la orquesta, pieza que sirvió de aperitivo para el resto del programa. A continuación, Ainhoa Arteta y la Sinfónica de Bilbao abordaron el tríptico correspondiente a Canciones de Valldemosa, de Antón García Abril, con textos del escritor Antonio Gala, integrado por Agua me daban a mí, A pie van mis suspiros y No por amor, no por tristeza. Fue un homenaje al compositor turolense, que asistió al concierto desde el palco de honor, en el 75 aniversario de su nacimiento. El Orfeón se incorporó en los Cuadros Vascos de Guridi. La segunda parte del concierto se reservó para la Novena de Beethoven, donde intervino la orquesta, el cuarteto de solistas, y el coro en el cuarto movimiento.

Ale honetan
En este número



Como en casa

Cada vez que canto con el Orfeón me invade una sensación muy placentera. Es como volver a las raíces o entrar en casa después de un largo viaje y sentirse protegida por quienes te quieren de verdad. Es esa serenidad que provoca tener la certeza de que todo va a ir bien, de que ahí, detrás de mí, hay un conjunto de hombres y mujeres que están en el mismo barco que yo y se van a dejar las cuerdas vocales si es preciso. Esa tranquilidad la sentí la primera vez que me subí al escenario del Polideportivo de Anoeta con este coro amigo y con mi maestro Plácido Domingo, allá en 1990. Eran mis comienzos como profesional, por eso lo recuerdo con tanta nitidez: fragmentos de óperas de Verdi en el programa y unas ganas locas de gustar a un público tan cercano como el donostiarra.

Desde entonces ha habido más ocasiones en las que he estado acompañada por el Orfeón, pero guardo especial cariño del concierto que interpretamos en el estadio de Anoeta en 1997 ante 25.000 personas, un día de agosto que se convirtió en una fiesta con sorpresas agradables, donde se pudo escuchar por primera vez la impresionante versión del Baga Biga Higa de Mikel Laboa con orquesta y coro.

La última vez que hemos coincidido, en la Expo de Zaragoza, también ha sido muy especial, porque hemos hecho de embajadores de nuestra tierra y para mí no hay privilegio mayor que representar a mi pueblo con un lenguaje universal como es la música coral.


Ainhoa Arteta,
soprano