ENTREVISTA - ELKARRIZKETA

Lorenzo Ramos es un director al que le gusta experimentar con la música clásica y popularizarla. Lo hace al frente de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid y lo ha hecho antes con la Joven Orquesta Nacional de España y con la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. No le importa ser considerado como "director joven" porque en esta profesión –dice– siempre estás aprendiendo y "mal vas si te crees que lo sabes todo". Se ha mantenido alejado de la carrera de su padre, Jesús López Cobos, pero siente un gran orgullo si alguien ve en él algún gesto de su progenitor. La genética y el haber sido los dos discípulos de Österreicher tienen la culpa.
LORENZO RAMOS:
En esta profesión siempre estás aprendiendo


El director Lorenzo Ramos es titular de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid
Experiencias como la de reunir una orquesta sinfónica como la OSE, un coro como el Orfeón Donostiarra y tres cantantes pop como Alex Ubago, Mikel Erentxun y Amaia Montero sirven para acercar la música clásica a los jóvenes?

Se han criticado mucho los intentos de popularizar la música clásica porque, dicen, no se profundiza.

Sin embargo, yo soy partidario de estos experimentos de popularización, porque es una forma de que la gente joven se acerque a un auditorio. Esto no garantiza que se produzca una afición repentina y supongo que después de este concierto tampoco van a abonarse a la Orquesta ni al Orfeón, pero es un primer paso.
Como titular de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid y tras su experiencia al frente de la Joven Orquesta Nacional de España, cómo ve la incorporación de estos jóvenes músicos en las orquestas profesionales?
El mundo profesional es muy competitivo. Hay un sesenta por ciento de jóvenes que después de tocar en jóvenes orquestas no continúan: algunos abandonan la música definitivamente y otros emprenden la carrera de solistas. La situación ideal para la incorporación de estos jóvenes al terreno profesional sería la que practican en la Filarmónica de Viena. Allí, los miembros de esta orquesta son profesores de la Universidad de Música y ellos forman a los alumnos para que entren en la orquesta. Desde la Joven Orquesta de la Comu-nidad de Madrid estamos intentando que estos chicos y chicas tengan preferencia, en principio como refuerzos de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Hasta ahora las pruebas para su ingreso son abiertas y la idea es que cada año se realice una audición sólo para jóvenes y en igualdad de condiciones, que entren los que pertenecen a la Joven Orquesta.
Es gratificante trabajar con músicos que están empezando?
La ventaja de trabajar con jóvenes intérpretes es que aportan más ilusión y con ellos se pueden abordar repertorios clásicos diferentes. Por ejemplo, "el jazz y los clásicos del siglo XX", un programa difícil pero divertido que hemos preparado para uno de los encuentros de diez días que montamos, o "El humor en la música", donde interpretan obras serias con pinceladas de humor.
En su profesión ¿no resulta contraproducente ser considerado eternamente "joven director"?. ¿Cuándo se deja de ser novel o promesa?
En la dirección de orquesta no ocurre como con los cantantes, que tienen una carrera mucho más breve. Los directores pueden ser considerados jóvenes hasta los cincuenta años y a partir de ahí llega la madurez. Ésta es una profesión que se va haciendo durante toda la vida. Claro que no siempre ha sido así. En el siglo XIX todos los directores eran jóvenes y morían jóvenes. Hoy a los treinta años todavía estamos estudiando, vivimos más y también contamos con un siglo más de repertorio, con muchas más obras que conocer. Antes interpretaban sólo lo contemporáneo y ahora, yo por ejemplo, he dirigido obras desde el siglo XV. En mi caso, todavía tengo mucho que aprender, nos falta humildad, enseguida nos creemos Karajan y mal vamos si creemos que lo sabemos todo.

Al elegir como nombre artístico Lorenzo Ramos ¿Ha buscado desvincularse de la carrera artística de su padre, Jesús López Cobos?
Opté por este nombre artístico porque empecé a dirigir coros de iglesia en Viena y allí es un poco sacrílego llamarse Jesús, que es como me llamo. Elegí Lorenzo y luego surgió una doble vinculación con este nombre porque dirigí la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y porque vivo en El Escorial. Ramos proviene de la familia materna y lo adopté por ser corto, además en alemán significa Strauss, otra coincidencia. Sí es cierto que no voy siguiendo los pasos de mi padre, él tiene una carrera ya hecha y yo llevo cinco años como director. Hemos tenido el mismo maestro, Karl Österreicher, por lo que podemos parecernos en algo, pero a mí me agrada mucho más que estas coincidencias de formación que la gente pueda reconocernos a los dos por rasgos y gestos genéticos.




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El aforo del Auditorio del Kursaal se quedó corto para la cantidad de solicitudes de invitaciones que llegaron a El Diario Vasco, organizador del concierto que el 21 de diciembre reunió en el mismo escenario a la Orquesta Sinfónica de Euskadi, el Orfeón Donostiarra y los cantantes Alex Ubago, Mikel Erentxun y Amaia Montero, bajo la dirección de Lorenzo Ramos.

La solución fue ofrecer un ensayo abierto un día antes. El público de la víspera fue espontáneo, como el de cualquier concierto pop, mientras que los asistentes al concierto fueron más comedidos. No dejaba de ser un experimento: para quienes se acercaban por primera vez a la música clásica y para quienes sólo aman la sinfónica y la coral.

En la primera parte la OSE interpretó la obertura de la opereta El murciélago de Strauss y continuó con Cavalleria Rusticana de Mascagni. El Orfeón se incorporó con un difícil fragmento de Madame Buterfly de Puccini a boca
cerrada. La primera parte concluyó con el Oratorio de Nöel de Saint-Saëns y el Puente sobre aguas turbulentas de Paul Simon interpretados por la orquesta y el coro.

En la segunda parte se sumó Alex Ubago para cantar su tema Sin miedo a nada, en cuyos arreglos or-questales intervino Joseph M. Durán. Mikel Erentxun ofreció la versión de ¿Quién se acuerda de ti?, adaptada por E. Palomar y Amaia Montero interpretó París, adaptación de J. Amar-gós. Tras sus actuaciones como solistas, los tres cantantes unieron sus voces para interpretar el popular villancico Ator, Ator de Guridi y Mari Domingui de Santesteban.