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A comienzos del siglo XX son frecuentes las competiciones
corales en las que, inevitablemente, participa el Orfeón
Donostiarra. A aquella época corresponden numerosos
galardones que culminarían en 1906 con el Grand
Prix d'Honneur de París.
En 1909 el maestro Esnaola toma una decisión transcendental para el futuro del Orfeón Donostiarra: dar entrada a las mujeres y transformar el coro de voces graves en un coro mixto. Esto supone la posibilidad de ampliar el horizonte del repertorio y la irrupción en el mundo sinfónico-coral. Con gran expectación, los donostiarras escuchan la interpretación de "Bello Navío" a un Orfeón Donostiarra por primera vez con "señoritas" en sustitución de los niños que cantaban la parte de tiple. El triunfo es rotundo.
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Son relevantes en esta etapa del maestro Esnaola las actuaciones en el Casino de San Sebastián con la Orquesta Sinfónica, dirigidas por el Maestro Arbós, y los conciertos en el Teatro Lírico y en el Teatro Real de Madrid. Sobresale la actuación en Portugal, en 1925, con la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por el maestro Blanch, una de las obras que más ha interpretado el Orfeón Donostiarra a lo largo de sus cien años de vida, desde su estreno en 1912.
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