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VERANO DE FESTIVALES
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Orfeoiak uztailean ekin zion bere ibilbideari, Frantziako Les Chorégies d’Orange nazioarteko jaialdian parte hartuz. Eta udako elkarraldi horri beste musika-lehiaketa batzuk gehitu zitzaizkion; esate baterako, Donostiako Jazzaldia, Gironako Cap Roig-ekoa, Donostiako Musika Hamabostaldia eta Santanderko lehiaketa.
El primer compromiso con los festivales
veraniegos se desarrolló en el
impresionante teatro romano de la
ciudad francesa de Orange, cuyo certamen
musical es el más antiguo del país
vecino. En él, el coro interpretó el
Réquiem de Verdi, dirigido por Tugan
Sokhiev, que se puso al frente del
Orfeón, de la Orquesta Nacional del
Capitolio de Toulouse y de los solistas
Micaela Carosi (soprano), Luciana
d’Intino (mezo-soprano), Grigolo (tenor)
y Orlin Anastassov (bajo). Era la primera
vez que los donostiarras participaban
en este certamen, nacido en 1869, por
el que han pasado las figuras internacionales
líricas más importantes de la
historia.
La siguiente convocatoria fue la del
Festival de Jazz de Donostia, que se
tradujo en una peculiar fusión entre el
vocalista Bobby McFerrin y el coro, de
la que se habla más detalladamente en
este número del Andante.
El 24 de agosto el Orfeón clausuró el
Festival Cap Roig de Girona. Bajo las
órdenes de Lorin Maazel –que dirigió
de memoria, sin partitura– interpretó la
Novena de Beethoven junto a la
Orquesta Toscanini.
En la Quincena Musical de Donostia
interpretó el concierto homenaje a
Ataúlfo Argenta, para el cual se eligió
Un Réquiem alemán de Brahms, ya que
con esta obra Argenta logró un memorable
éxito, junto al Orfeón Donostiarra,
en el Teatro Champs Elysées de París
en 1957. En el concierto-homenaje
celebrado el 28 de agosto, intervinieron
la ONE, la soprano Ofelia Sala y el
barítono Albert Donmnen bajo la batuta
de Josep Pons, director titular de esta
orquesta. Momentos antes del concierto,
se le rindió un homenaje al músico
santanderino que estuvo representado
por sus tres hijas y su hijo, quienes
recibieron un diploma por parte del
Orfeón, de manos de José María Echarri,
y una lámina por el alcalde de la
ciudad, Odón Elorza.
La 57 edición del Festival de Santander,
que también reservó un recuerdo
especial en el cincuentenario de la
muerte de Ataúlfo Argenta –alma y
motor del festival desde sus inicios– fue
clausurada el 1 de septiembre con
Zubin Mehta, la Orquesta del Maggio
Musicale Fiorentino, el Orfeón y la
Novena de Beethoven. Fue un cierre
apoteósico, con cerca de quince minutos
de aplausos, donde –según recogió
la crítica– todos los integrantes dieron
"una lección de cómo transmitir
energía y pasión en una de las obras
más populares de toda la historia de la
música".
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Ale honetan /
En este número |
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Argenta revivido
La noche del 1 de septiembre de 2008
será para mí y para todos los que fueron
testigos de ello, una noche inolvidable.
Fue en la Sala Argenta del Palacio de
Festivales de Santander donde se
clausuraba el 57 Festival Internacional
de Santander con la Novena Sinfonía de
Beethoven dirigida por Zubin Mehta. El
público que abarrotaba la sala traía
prendida en sus corazones la figura de
Ataúlfo Argenta y la emociones aceleraban
progresivamente sus latidos. Todo
estaba dispuesto para vivir y recordar
aquella noche mágica del 10 de agosto
de 1953 en la que Argenta nos cautivó a
todos en la plaza Porticada; la Orquesta
Sinfónica del Maggio Musicale Fiorentino
ya situada ante los atriles en el estrado,
cuando de pronto, en un estallido de
espontaneidad tanto tiempo contenida,
se produce la catarsis esperada del
aplauso unánime de un público emocionado:
era la aparición en escena del
Orfeón Donostiarra, el mismo que nos
hizo vibrar aquella noche mágica del 53.
El recuerdo había detenido el tiempo
afectuoso porque el Orfeón Donostiarra
era el vínculo que unía aquella noche
con ésta del 1 de septiembre de 2008.
Hacía 50 años que Ataúlfo Argenta nos
había dejado y hacía 50 años que el
público de Santander quería reconocer
al Orfeón Donostiarra como el protagonista
de aquellas emociones que
continúan y continuarán vivas en nuestro
recuerdo.
La Novena beethoveniana corrió por
nuestras venas como un fluido de
emociones incontenibles y cuando, a su
término, el director hindú señala el
protagonismo del Orfeón, el público
enardecido trasmitía con su aplauso el
deseo: "Vuelve, querido Orfeón Donostiarra,
vuelve siempre a nuestra tierra
cántabra".
José Luis Ocejo,
Director del Festival Internacional de
Santander |
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