Joan den apirilean, Juanjo Mena zuzendari gasteiztarra Bilboko Orkestra Sinfonikoaren -berorren titularra
da 1999tik- eta Orfeoiaren aurrean jarri zen, Mozart eta Arriagaren lanetan oinarritutako programa bat
zuzentzeko. Izan ere, musikagile horien jaiotzako 250. eta 200. urteak betetzen baitira, hurrenez hurren,
aurten. Hiru agertokitan errepikatu zen programa hori: Madrilgo Entzunareto Nazionalean, Salamancako Arte
Eszenikoen eta Musikaren Zentroan eta Santanderko Jaialdien Jauregian.
El pasado mes de abril, el director vitoriano Juanjo Mena se puso al
frente de la Sinfónica de Bilbao -de la que es titular desde 1999- y del
Orfeón para dirigir un programa basado en obras de Mozart y Arriaga,
compositores que en 2006 hubieran cumplido 250 y 200 años
respectivamente. El programa se repitió en tres escenarios diferentes:
el Auditorio Nacional de Madrid, el Centro de las Artes Escénicas y de
la Música de Salamanca y el Palacio de Festivales de Santander.
- ¿La celebración de los centenarios de la muerte o el nacimiento
de los compositores es un recurso utilizado por los festivales
musicales para diseñar sus programas o realmente sirve para dar
a conocer sus obras?
Los aniversarios, tal y como ocurre en la vida social, son fechas en las
que se recuerda a una persona con especial atención,y la vida musical
se impregna también de este trato puntualmente
preferencial para dar a conocer mejor a algunos
compositores. En ocasiones, dependiendo de
la importancia de los mismos y de su grado de
aceptación popular, es una excusa utilizada para
obtener claros beneficios comerciales muy lejos
de criterios formativos o de índole cultural.
Particularmente, no soy partidario de estructurar
las temporadas sinfónicas de las orquestas o
los festivales musicales bajo criterios que no
tengan en cuenta a la propia entidad de
la música como elemento base de una programación, difuminando, y
en ocasiones anulando el propio hecho musical que supone un concierto,
con elementos extramusicales, filosóficos o de celebración de efemérides.
- Está de acuerdo con quienes denominan a Arriaga como el Mozart
español?
No, no estoy de acuerdo. Creo que la ausencia en España de
compositores de referencia en el periodo clásico ha hecho que
busquemos en Arriaga más de lo que el propio Juan Crisóstomo pudo
materialmente hacer. Toda comparación es odiosa pero si además la
establecemos musicalmente con Mozart es prácticamente un imposible,
máxime cuando el compositor bilbaíno no llegó a alcanzar los 20
años.No obstante, y quizás muchos lo han confundido, hay una enorme
similitud en las vidas de ambos ya que nacieron el mismo día 26 de
enero con 50 años de diferencia, Mozart se llamaba también Juan
Crisóstomo Wolfang Amadeus, Arriaga fue valorado como niño
prodigio y el nivel musical de sus composiciones estaba por encima
del habitual para su corta edad.
- Usted ha declarado que el Stabat Mater es una de las obras de
Arriaga más difíciles de interpretar. ¿En qué radica esa dificultad?
Realmente el problema principal con el Stabat Mater radica en saber
si estuvo escrito para solistas o para coro, ya que los datos
musicológicos que tenemos solamente nos determina que estaba
escrito "para tres voces de hombre".Si analizamos la parte vocal con
detenimiento observamos que tiene una escritura rítmica muy rica y
una línea melódica con gran presencia del cromatismo; a nivel vocal
presenta grandes exigencias técnicas derivadas
de intervalos vocales amplios que necesitan un
buen control técnico en los cambios de colocación
de la voz. Estas características, unidas a
particularidades de la orquestación instrumental,
hacen que la obra sea difícil para cantar con tres
solistas, y por supuesto la hace más compleja
todavía en la versión con coro ya que a todo lo
anterior se suma las dificultades de empaste y
de afinación.
- El Orfeón no la tenía en su repertorio, ¿cómo se desarrollaron
los ensayos de esta obra y del Réquiem de Mozart que ofrecieron
en los tres conciertos?
Creo que la progresión realizada en la interpretación de Arriaga ha
sido evidente del primer ensayo al último concierto, como resultado
lógico de un mayor y mejor conocimiento de la partitura, de las
necesidades vocales que precisaba y de una perfecta simbiosis con
la plantilla orquestal que es fundamental para su óptima realización.
El Réquiem de Mozart es una obra que el Orfeón conoce muy bien
y que realiza de forma brillante; creo que la lógica adecuación en
criterios interpretativos entre orquesta, coro y director ha evolucionado
conjuntamente a lo largo de esta experiencia llegando a altas cotas
musicales.