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Sinfonía de los Mil y Fidelio
en la Quincena
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La
cita veraniega del Orfeón con la Quincena Musical,
habitual desde hace 66 años, seconcretó en la
pasada edición en dos conciertos: la 8ª de Mahler,
dirigida por Víctor PabloPérez e interpretada
por la Sinfónica de Galicia, junto a la Coral Andra
Mari de Rentería yla Escolanía Easo, y el Fidelio
de Beethoven en versión concierto, bajo la batuta de
MiguelÁngel Gómez Martínez y la Sinfónica
de Euskadi, que sirvió de clausura del certamen. |

La
sinfonía de los mil |
Azkeneko
66 urteetan udaz uda egin izan duen bezala, Orfeoiak azken
Musika Hamabostaldianparte hartu zuen, bi kontzertu hauekin:
batetik, Mahlerren 8.a, Víctor Pablo Pérezenzuzendaritzapean,
Galiziako Sinfonikoak interpretatua, eta Errenteriako Andra
MariAbesbatzarekin eta Easo Eskolaniarekin batera; eta,
bestetik, Beethovenen Fidelio,kontzerturako bertsioan, Miguel
Ángel Gómez Martínezen zuzendaritzapean,
eta EuskadikoOrkestra Sinfonikoarekin batera. Azken kontzertu
honek itxi zuen Musika Hamabostaldia.
La programación
de la denominada Sinfonía de los Mil, con la que
el certamen cerró la integralde Mahler iniciada en
1998, representó todo un reto para la organización
de la Quincena, queen una noche tuvo que acondicionar el
Auditorio del Kursaal para acoger a los 408 intérpretes-entre
músicos de orquesta, cantores y solistas- que se
concentraron en su escenario. El esfuerzovalió la
pena y los espectadores pudieron disfrutar de esta colosal
obra que se interpretaba porprimera vez en Donostia. La
crítica definió esta versión como de
“total corrección” en la parteorquestal
y como “realmente destacable” por la actuación
de los coros. El cuadro de solistasestuvo integrado por
las sopranos Alexandra Marc, Amanda Mace y Raquel Lojendio;
las contraltosIris Vermillion y Mariana Pizzolato, además
de Nikolai Schukoff (tenor), José Antonio López(barítono)
y Attila Jun (bajo).
El Fidelio que se
escuchó en el Kursaal en versión concierto,
fue una brillante clausura de la 66edición de la
Quincena. “Milagrosa”, “fogosa”,
“extrovertida”, “emotiva”, “intensa”
o “excelente”fueron los calificativos utilizados
por los críticos musicales locales y estatales. El
responsablede este logrado canto a la libertad fue Miguel
Ángel Gómez Martínez, que demostró
gran dominiode la obra. No sólo porque la dirigió
de memoria y sin partitura, sino porque para él esta
óperaes muy especial -según declaró
en su rueda de prensa- ya que fue la que le abrió
las puertasinternacionales hace 31 años en la Ópera
de Berlín.
Sus cuatro años
como titular de la Sinfónica de Euskadi y las numerosas
ocasiones en que seha puesto al frente del Orfeón
le fueron útiles para conseguir la complicidad que
requiere unaobra de esta envergadura. El reparto de solistas
lo componían el barítono navarro Iñaki
Fresánen el papel de don Fernando; Alan Titus como
don Pizarro; el tenor Robert Brubaker comoFlorestán;
Jayne Casselman representó a Leonore; el bajo coreano
Attila Jun, que interpretó díasantes la 8ª
de Mahler, encarnó a Rocco; la soprano guipuzcoana
Ainhoa Garmendia fue Marcelina;el tenor Joan Cabero hizo
de Joaquino y los orfeonistas Iñigo Laborería
(tenor) y Jesús GarcíaAréjula (barítono),
de prisioneros.
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Cuando el Orfeón Donostiarra
había cumplidoya 42 años de vida, en el año
1939, nació la QuincenaMusical de San Sebastián.
Muy pocas institucioneshan mantenido entre sí, y
a lo largo de muchos años,tan cordial, provechoso
y enriquecedor trato comoel Orfeón y la Quincena.
Aquel año inicial el coro noparticipó en el
Festival, pero sí lo hizo el año siguientecuando,
además, la dirección artística de la
Quincenafue encomendada al Orfeón, de la que se encargó,desde
1941 Francisco Ferrer. Desde entonces, elDonostiarra ha
sido el artista, individual o colectivoque ha actuado en
más ediciones de la QuincenaMusical: 56 en total,
con varios conciertos en muchasde ellas. Este protagonismo
se resalta más si setiene en cuenta que la otra agrupación
artística másinvitada es la Orquesta Nacional
de España que haintervenido en 34 ediciones.
Como han reconocido durante años
numerososorfeonistas, sus actuaciones en el Victoria Eugeniao
en el Kursaal en el marco de la Quincena, suponíanel
concierto más "especial" y anhelado por
ellos detoda la temporada. Conviene recordar también
cómoel Orfeón, y personalmente su director
–entoncesAntxon Ayestaran- salvaron de su desaparición
a laQuincena Musical. En 1979, por falta de apoyo ysubvenciones
oficiales, la Quincena Musical no secelebró en sus
fechas normales de agosto. Fueentonces cuando Antxon Ayestaran,
junto a NicanorZabaleta, se empeñó "salvar"
la Quincena de aquel1979 con un miniciclo de conciertos
en el mes de Diciembre.
Para terminar querría resaltar
el que, para mí, fue elmás bello y acabado
concierto jamás dado por elOrfeón Donostiarra
en la Quincena Musical. Tuvolugar en 1997 en el Polideportivo
de Anoeta con laOrquesta Filarmónica de La Scala
de Milán. El coro,mesmerizado por el genio del director,
RiccardoMuti, cantó las 'Quatro pezzi sacri' de Verdi
de unmodo que hizo detener el tiempo.Visto, pues, lo visto,
los lazos que unen al OrfeónDonostiarra y a la Quincena
Musical, nunca se podránsoltar.
Luis Fernando Rupérez,
Quincena Musical
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| Ale
honetan
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