ENTREVISTA-BERRIAK
A sus 31 años Martín Baeza Rubio ha llegado a la cúspide en su profesión: es primer trompeta solista de la Orquesta Sinfónica de la Ópera de Alemania en Berlín y de la Mahler Chamber Orchestra; lleva interpretados más de doscientos conciertos con la Filarmónica de Berlín y ha sido seleccionado por los Maestros Abbado y Maazel como solista de las orquestas que ambos han creado -el primero la Sinfónica del Festival Internacional de Lucerna el primero y la Sinfónica de la Fundación Arturo Toscanini de Parma el segundo-. Una carrera imparable que compagina desde hace siete años con la investigación y redacción de su tesis doctoral sobre el Maestro Enrique Fernández Arbós. Una parte de este trabajo, la dedicada a la vinculación de este músico con San Sebastián y el Orfeón Donostiarra, le ha valido el III Premio establecido por la UPV y el Orfeón.

Martín Baeza

“Arbós introdujo el sinfonismo en España a través de San Sebastián”


¿Cómo consigue conjugar la actividad diaria de los ensayos, conciertos y giras con el trabajo de investigación?
Es una cuestión de planificación. Desgraciadamente los días tienen sólo 24 horas, pero si se dosifican bien, da tiempo para todo. Todas estas actividades están relacionadas entre sí y creo que el músico de hoy debe ser lo más completo posible y dedicarse también a la labor de investigación. Es una obligación moral de todos construir nuestro futuro conociendo y valorando nuestro pasado. ¿Quién mejor que un músico para investigar sobre los mismos, la música y nuestra historia?. Dedicarse a la música es un placer, por eso yo nunca tengo la sensación de estar trabajando. La práctica del yoga junto con algo de deporte y el ajedrez son, en mi caso, la mejor fórmula para mantenerme atento física y mentalmente. De esta manera, el tiempo se aprovecha mejor.


¿Resulta complicado abrirse camino en Alemania, un país que disfruta de tan amplísima cultura musical?
Mi conexión con Alemania fue a través de Claudio Abbado, que me ha abierto muchas puertas. Entré en relación con él siendo el primer español que empezaba a formar parte de la “Gustav Mahler Jugendorchester” tras aprobar la oposición en Viena y ser Claudio el director titular de esta orquesta. Él me convenció de hacer las pruebas para la Fundación de la Filarmónica de Berlín. Más tarde cuando creó la “Mahler Chamber Orchestra” me llevó como solista, y después decidí opositar para la plaza de Primer Solista de la Ópera de Alemania donde buscaban solista desde hacía siete años.
En Alemania existe una gran asociación formada por todos los componentes de las orquestas del país, que establece una serie de normas conjuntamente con la administración en lo referente a derechos y deberes de cada músico. Una de las normas, establecida para mantener y superar el altísimo nivel de sus orquestas, es que cuando se hace una oposición sea el jurado la propia orquesta, de manera que cada uno de los miembros de la misma -incluido el director- emite un voto. Para ganar se necesita superar el 75% de los votos. Pero no acaba aquí la cosa. La siguiente norma es realizar lo que se llama “Probejahr”, es decir, un año de prueba, tras el cual, sin necesidad de hacer una nueva oposición, la orquesta vuelve a votar teniendo que superarse en este caso el 85% de los votos para ser miembro de pleno derecho. Cuando esto sucede, el nuevo músico tramita el tipo de contrato que quiere con la administración hasta que se llega a un acuerdo mutuo, evidentemente partiendo de una base que ya ha sido pactada de antemano entre la administración y la asociación para todos igual. Y ésta es la dificultad para entrar en las orquestas alemanas.
¿Es en Alemania donde entró en contacto con la figura de Fernández Arbós?
No, mi interés por el Maestro Arbós viene de mucho antes, desde que cayó en mis manos un libro de sus “Memorias” editadas por su viuda en 1963 (centenario de su nacimiento), revisadas y comentadas a su vez por el Maestro José Mª Franco. Estas “Memorias” abarcan hasta 1903 y en ellas emplaza al lector a un segundo volumen que se centraría en su carrera artística y que desgraciadamente no llegó a escribir. Es un libro genial, repleto de anécdotas y contado con tal gracia, que cuando se empieza a leer no se puede dejar hasta que se acaba. Tuvimos la suerte de que en él nos contase todos los aspectos personales que nos hubieran sido mucho más difíciles de investigar, pero no deja de existir un importante vacío de información desde 1903 hasta 1939 que es el que yo pretendo llenar.


¿Es en Alemania donde entró en contacto con la figura de Fernández Arbós?
No, mi interés por el Maestro Arbós viene de mucho antes, desde que cayó en mis manos un libro de sus “Memorias” editadas por su viuda en 1963 (centenario de su nacimiento), revisadas y comentadas a su vez por el Maestro José Mª Franco. Estas “Memorias” abarcan hasta 1903 y en ellas emplaza al lector a un segundo volumen que se centraría en su carrera artística y que desgraciadamente no llegó a escribir. Es un libro genial, repleto de anécdotas y contado con tal gracia, que cuando se empieza a leer no se puede dejar hasta que se acaba. Tuvimos la suerte de que en él nos contase todos los aspectos personales que nos hubieran sido mucho más difíciles de investigar, pero no deja de existir un importante vacío de información desde 1903 hasta 1939 que es el que yo pretendo llenar.
Y fue mucho lo que hizo durante estos años, ¿no?
Fue un violinista excepcional como lo demuestran sus numerosos conciertos como solista, así como los puestos de concertino que ocupó en la Filarmónica de Berlín, Sinfónica de Glasgow y Sinfónica de Boston. Además compuso numerosas creaciones y realizó la orquestación de “Iberia” de su gran amigo Albéniz que todavía hoy se interpreta con gran éxito en todo el mundo. Introdujo la música de cámara y el sinfonismo en nuestro país a través de San Sebastián con la Orquesta del Gran Casino y con la Sinfónica de Madrid de la cual fue titular durante 35 años. Fue profesor de Violín y Música de Cámara de la “Hochschule” de Hamburgo, del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y del “Royal College” de Londres. Realizó por primera vez en España 476 obras de los mejores compositores de su época. Encargó y estrenó 182 obras de compositores españoles, programándolas en todo el mundo. Escribió un sinfín de artículos para diversos medios, incluso extranjeros. Revisó los estudios de Vieuxtemps y los cuartetos de Schumann (por encargo de Clara Wieck-Schumann). Arbós nos mostró los mejores ejemplos de la Historia de la Música ya desde los primeros años de su magisterio como director de orquesta. Desde los grandes maestros del Barroco, Bach y Haendel hasta Ravel, Debussy, Strauss, Strawinsky y los españoles de su tiempo, Esplá, Turina y Falla. Desde las precisas formas barrocas, a las sinfonías de Schumann, Berlioz y Franck. De los poemas sinfónicos de Liszt, Dukas y Strauss, hasta las obras de gran vitalidad rítmica y colorista de los rusos Liadow, Glazounow, Rimsky-Korsakov y Tchaikowsky, así como numerosos fragmentos del coloso de la ópera y epígono indiscutible de la Música del siglo XIX, Richard Wagner.
¿Cómo estableció su vinculación con San Sebastián y el Orfeón Donostiarra?

Como ya he dicho antes, Arbós introduce el sinfonismo en España a través de Donostia, que en aquel momento es una de las ciudades más importantes de Europa, culturalmente hablando. Colaboró con numerosas Sociedades Corales de España, pero el Orfeón Donostiarra siempre fue su debilidad y predi-lección. Conjuntamente con el Maestro Esnaola y el Orfeón introdujo a su vez la música sinfónico-coral en nuestro país. Arbós convenció al Maestro Esnaola para que creara un “coro de señoritas” que se dio a conocer interpretando “Parsifal” de Wagner, dando lugar al Coro Mixto que se ha mantenido hasta hoy. Arbós era un enamorado de San Sebastián, y tanto era así, que vendió uno de sus “Stradivarius”, se compró un terreno en Ategorrieta y se construyó una casa en la que pasó grandes temporadas y el fin de su vida. El 3 de julio de 1939 fue enterrado en el cementerio donostiarra de Polloe.
¿La ciudad de San Sebastián está en deuda con él?
Si la ciudad está en deuda o no con el Maestro Arbós no me corresponde valorarlo a mí, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad de expresar desde mi modesta humildad, que siente uno verdadera pena de ver la austera tumba del Maestro Arbós en las condiciones en que se encuentra, y de hacer un llamamiento en voz alta a que quizá entre todos pudiéramos conseguir que algún día no muy lejano esa situación cambiara, celebrándolo con un emotivo acto en el cual pudiese escuchar Arbós a ese Orfeón que tanto amaba.

Ale honetan / En este número